
Todavía recuerdo aquella mañana la cual no logro datar con exactitud (finales de los 80, principios de los 90) cuando yo era un crío y mis tíos, por parte de madre, me llevaron de paseo a bordo de un SEAT 850 modificado artesanalmente, similar a uno de esos buggys militares para recorrer el desierto, descubierto, sin guardabarros, con barras de protección artesanales y con cierta estética al estilo Mad Max (claro, en ésa época no estaba todo tan restringido, no como hoy, véase ITV…).
Recorrimos diversos caminos rurales por las afueras de Los Montesinos enlazando con la carretera del Canal de Riegos del Levante, el cual se hallaba descubierto (entonces no existían ésas planchas blancas de hormigón por donde pasean actualmente los ancianos y extranjeros, algo que no recomendaría, sinceramente), hasta pasar sobre el puente que hay cerca de La Herrada, donde podía divisar con tan solo girar mi cabeza a los lados del post-apocalíptico vehículo, la vía ferroviaria del tren salinero extendiéndose hacia el horizonte, más allá del alcance de mi vista.
Nos adentremos por un camino de tierra, a un lugar el cual existe actualmente, donde la gente vierte toda clase de escombros y electrodomésticos rotos o usados, justo en el lateral del puente por donde pasa la vía. Mientras mis tíos examinaban el lugar (no recuerdo exactamente que se llevaron de allí, creo que se trataba de un viejo televisor), me aventuré a explorar por mi cuenta, dirigiéndome a la ya abandonada vía ferroviaria.
Me dirigí hacia la vía con la esperanza de que un tren pasara por allí en ése momento, creo recordar que uno de mis tíos me comentó que el tren no pasaría. No contento con ello y sin perder dicha esperanza, bajé por el lugar hasta caminar sobre los raíles y traviesas que formaban la vía, fijando mi vista en la lejanía de sendos horizontes tratando de divisar una posible locomotora. No podía esperar eternamente, en cuanto mis tíos encontraron aquello que buscaban, regresé a casa de mis abuelos, bajo una momentánea y triste expresión mientras contemplaba de nuevo la vía desde las alturas del puente que pasaba sobre ella…
Volví a regresar a éste lugar a mediados de los 90, junto a uno de mis tíos a bordo de una vieja Iveco Sava J4 1100. Momento el cual se presenta algo nublado en mi memoria, ya que fuimos a buscar algún tipo de componente al descampado que he mencionado anteriormente. Cuando pasé sobre el puente juraría que solamente llegué a divisar los raíles, había mucha hierva presente, no llegué a distinguir ninguna traviesa de madera. Lo mismo ya fueron retiradas por parte de los campesinos del lugar al declararse abandonado dicho material ferroviario.

Final del siglo XX, año 2000. Cursaba 2º de ESO y durante uno de los periodos estivales partí hacia Los Montesinos a pasar otra semana más en casa de mis abuelos. No volví a pasear en bicicleta por aquellos caminos rurales desde que cierto tiempo atrás un perro con muy malas pulgas que tenían en posesión los vecinos de mis abuelos, que vivían más al Noreste lindando con la finca, me hizo hacer tal sprint que en lugar de un rabioso y robusto perro blanquecino, daba la sensación de que me estuviese persiguiendo la muerte alzando su afilada guadaña…
Durante el transcurso de dicha semana, cierta sensación de aburrimiento se cebaba con mi solitaria persona, por lo que debía de improvisar o buscar alguna actividad para contrarrestarla. Ahí estaba, a la sombra de la gran palmera que hay frente a la casa junto a la higuera, la vieja BH Bicicross azulada que tenía mi abuelo para hacer los recados (La antepasada de las Mountain Bike que conocemos en la actualidad, de piñón y plato fijo de relación media para terreno mixto).
Contemplé el problema del perro que se me podría presentar si me dirigía a la carretera rural que pasaba por la casa de éstos vecinos, tenía que evitar pasar por ahí a toda costa. Sin mas remedio, emprendí camino hacia el mismo pueblo de Los Montesinos, donde comenzaría una intensa e intrigante labor de explorador a los pedales en cuanto descubrí un pequeño camino que se esconde tras el centro docente del municipio.
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Camino el cual pasaba por la finca La Herrada, por el lateral de un considerable invernadero que quedaba a la izquierda de éste y a través de huertos de alcaciles, permitiéndome alcanzar la carretera del Canal de Riegos del Levante (a diferencia de la actualidad, donde éste camino finaliza en una ancha carretera general y el viejo camino de tierra que pasaba junto al invernadero ya es inaccesible). Ruta que emplearía en un futuro para las siguientes salidas.
Tras salir sobre una plancha de hormigón que hacía de puente sobre el pequeño canal para salir a la carretera, empiezo a observar los primeros cambios, como en el caso del canal, que ya estaba cubierto por las planchas de hormigón que hay actualmente. Continúo hacia el gran puente, cargado de esperanza en que no hubiesen alterado mucho el abandonado paisaje ferroviario. Ésta vez desaparecieron hasta los raíles que logré observar la última vez, ocupando el lugar el ancho sendero lleno de hierva, arbustos, rocas y plantas silvestres sobre el cual estuvo ubicado el viejo camino de hierro.

La esperanza de encontrar algún vestigio del antiguo ferrocarril se disipaba junto al viento de aquel triste momento el cual acariciaba a mi mortal ser sobre aquel viejo y oxidado puente…
Pero no todo acabó aquí, de hecho, tal sentimiento acabó siendo la mecha corrida que me impulsó a seguir explorando aquel desolado lugar y sus alrededores más adelante…
Pasaron días, meses y años. Los cuales aprovechaba durante las semanas de descanso que pasaba en casa de mis abuelos para salir a pedalear y descubrir nuevo territorio junto a al trayecto de la línea de ferrocarril y la carretera del Canal de Riegos del Levante.

Lo que hoy conocemos como la Urbanización La Herrada, no era más que un grupo de parcelas de campesinos de la localidad, donde se podían encontrar casas de campo, cultivos, invernaderos y pequeñas parcelas cercadas donde se guardaban aperos, maquinaria agrícola o animales de granja. No existían anchas carreteras señalizadas, con aparcamientos, carriles bici y rotondas. Donde en su lugar sólo encontrabas sencillas y estrechas carreteras con el asfalto algo desgastado y bacheado, caminos de gravilla y tierra… La gigantesca rotonda que hay justo al lado de la caseta del guarda, que controla las horas de agua contratadas por los campesinos, no era más que un sencillo cruce de caminos.
Durante aquella época y debido a la ausencia de urbanizaciones e infraestructuras, gran parte de los caminos de tierra que hoy encontramos privados por una cerca de tela metálica, junto a la zona por donde pasaba la vía férrea, eran de uso común. Lo cual me permitió tomar rutas como el camino que queda a la izquierda antes de pasar sobre el puente de la vía, si pedaleamos en dirección Ciudad Quesada.

Camino que pasaba junto a invernaderos y extensos terrenos de cultivo quedando paralelo al trayecto de la vía, donde encontré considerable vestigio perteneciente al ferrocarril, a metros del puente (si llegamos a éste desde San Isidro por el ferrocarril). Tuvo que tratarse de una antigua estación (En la actualidad se encontraría lindando con la urbanización Lo Crispín si no la hubiesen retirado, véase en la foto de satélite anterior, donde se observa claramente dicho linde). Construida con rocas y material de obra de antaño, prácticamente casi en el suelo, pocas paredes quedaban en pie.
Retales de traviesas y raíles desmontados se hallaban junto a lo que sería el andén (ah! Y los restos de un viejo radio-cassette estéreo tipo boombox ochentero dentro de lo que sería parte del interior de aquel lugar), además de un camino que atravesaba el sendero de la vía, que por un lado enlazaba con el pequeño e improvisado vertedero de escombros y electrodomésticos del puente en el que ya estuve y por el otro, llevaba a diversos caminos de tierra que pasaban por fincas de cultivo, un almacén e invernaderos hoy día inexistentes debido a la presencia de la urbanización Lo Crispín sobre éstos terrenos.

Como anécdota, en éste último lugar que he expuesto (laberinto de caminos de tierra y ruinas de invernadero donde sólo quedaba su esqueleto de madera junto a un almacén con alumbrado blanco de antaño en su fachada), me lo pasé bomba en una nublada mañana durante las fiestas de la localidad, sorteando el barro que se generó por las lluvias con la Bicicross, como nunca se sabe que puede ocultar un profundo charco, acabé pinchando ése día…
Momentos dignos de fotografía, como lo fue mi visita por la ya demolida estación del antiguo ferrocarril o la anécdota del pinchazo, pero claro, las películas fotográficas no eran precisamente baratas y si ya existían las cámaras digitales serían de baja resolución y no todo el mundo podría permitirse el hecho de poseer una. Además que en aquella época no tenía ordenador ni internet, cuando varios compañeros de clase ya disponían de ésta clase de equipos y servicios.

Volviendo a donde dejé el transcurso de la ruta, desde la vieja estación en ruinas, continúo por el mismo camino paralelo a la senda de la vía por el que había llegado, ya que todavía era imposible avanzar sobre ésta con la Bicicross, debido a la cantidad espesa de matojos presentes. Camino que acabó separándose hacia la derecha de la senda férrea perdiéndola de vista, para luego volver a rodar paralelo y cuesta abajo junto a ella, pero ésta vez el camino férreo se encontraba sobre mi persona a la izquierda, a una distancia impracticable en bicicleta debido a unas tierras de cultivo presentes.
No volví a encontrar más restos materiales del antiguo ferrocarril, continué pedaleando hasta encontrarme con las obras de la actual autopista Ausur AP-7. Las cuales no me permitieron continuar con mi camino…
Recorrí y exploré aquel terreno de monte y los demás alrededores de la senda de la vía, entre las obras de la AP-7 y el puente del Canal de Riegos del Levante durante el resto de mis salidas. Recuerdo encontrarme con casas en ruinas o abandonadas, más almacenes que guardaban bombas, motores y aperos de los agricultores. Un camino de gravilla que pasaba por la pinada que os mostraré a continuación desde las alturas, el cual acabó por ocasionarme una considerable e inesperada caída de la BH Bicicross, debido a la susodicha gravilla suelta presente en una bajada, dejándome un “bonito” y macabro recuerdo en rojo sobre mi rodilla izquierda. A partir de aquello no volví a rodar más por aquel lugar.

Más tarde, anduve rodando por los alrededores del tramo ferroviario que queda entre el puente por donde pasa el Canal de Riegos del Levante y El Apeadero. De nuevo la senda de hierro era impracticable por la vegetación silvestre, por lo que anduve explorando las sendas cercanas y rodando por una pequeña carretera mal asfaltada. La mayoría de éstas sendas y la carretera se conservan en la actualidad, pero se han perdido parte de los caminos de tierra debido a las obras presentes en el terreno.
Como anécdota, recuerdo que una mañana anduve explorando ésta carretera, la cual te lleva al polígono industrial de Los Montesinos o a un carril bici el cual enlaza con Torrevieja o Ciudad Quesada. Cuando me tropiezo con dos hombres que intentaban remolcar un viejo Volvo enganchado con una de éstas bandas elásticas sujeta-equipajes pero más ancha que las corrientes. Un número un tanto cómico cuando salía el primer coche que remolcaba y el que era remolcado iba a donde él quería…
Mis rutas con la BH Bicicross finalizaron a medidados del 2002. Exploré todo aquello dentro de mis posibilidades con ésta antigua montura, en la cual no me habría venido nada mal que hubiese equipado un cambio de marchas, podría haber peinado más terreno y haber evitado imprevistos que me llevasen al suelo. Pero es la montura de la que disponía en aquella época.

Antes de continuar avanzando en éste ferrocarril del tiempo, destaco las siguientes anécdotas y curiosidades que experimenté a los pedales de ésta montura durante mis rutas por la zona del ferrocarril y otros lugares de Los Montesinos:
- En lo que ahora sería La Urbanización La Herrada, en la zona Noroeste se encontraba “La Finca del Cura”, creo recordar que así llamaban a éste sitio en casa de mis abuelos, al cual llegué pedaleando tras divisar e intentar determinar la posición de un potente foco de luz intermitente blanca que se podía divisar desde la propia casa de mis abuelos, la cual queda a varios kilómetros. Allí estaba la susodicha luz intermitente en lo alto de un poste. En realidad no era un foco de gran potencia, sino un invento casero hecho con uno de esos focos a baterías que se emplean en las obras de carretera para señalizarlas por la noche, al que se le añadió una gran lente que amplificaba la distancia a la que se enviaba dicha luz.
- Durante una de mis rutas matinales por la carretera del Canal de Riegos del Levante, a la altura del campo de fútbol de Los Montesinos había presente un descampado. Desde la carretera observé como un extraño objeto brillaba de forma muy intensa entre los escombros allí presentes cuando incidían sobre él los rayos del sol. Atraído por dicho brillo quise averiguar de que se trataba. Nada más y nada menos que uno de los pequeños floreros cromados que formaba parte de una lápida de cementerio, de la cual solo quedaban unos pocos fragmentos arrojados en aquel lugar.
- Salir un día a pedalear y encontrarme con un televisor roto en el cual dejaron una nota pegada en su pantalla pidiendo que no lo destrozasen, salir al día siguiente y encontrar el mismo televisor arrojado en un lateral de la carretera hecho caniqué (cosas que ocurrían cuando la gente se aburría en aquella época).
- Hablando de televisores. Encontré una reliquia entre los escombros, todavía conservo sus válvulas de vacío, algunas de ellas no están fundidas.
- El hecho de no acabar contrayendo ningún tipo de enfermedad, debido a la gran suerte que tuve al no pincharme con las numerosas jeringuillas usadas que podías encontrar en algunos de los laterales de la senda de la vía férrea.
- Curioso molino de viento el que tenía un propietario de un cobertizo que había cerca del cruce donde está el puesto del guarda que gestiona la distribución del agua. El molino era un simple ventilador doméstico que había sido jubilado de tal forma.
Tras unos años de ausencia a los pedales por éste desolado enclave ferroviario, no volví a rodar a través de él hasta que decidí salir una tarde de Agosto de 2009. Importantes cambios han hecho mella en éste lugar, algunos descritos anteriormente. Por otro lado, La vieja BH Bicicross se halla jubilada en un patio trasero, hoy día criando óxido y telarañas. Podría entrar en detalle, pero convertiría ésta entrada en un infumable ejemplar literario. Por ello he decidido fraccionar ésta historia en el siguiente índice de crónicas:
Ciclotributo Al Ferrocarril Salinero:
- 7/08/2009 – Editando entrada… (Próximamente).
- X/01/2011 – The Fucking County Of Broken TV (Editando… Próximamente).
- 13/03/2011 – Ciclotributo a la antigua línea ferroviaria (San Isidro – Torrevieja) Ruta I (Editando… Próximamente).
- 28/07/2011 - Ciclotributo a la antigua línea ferroviaria (San Isidro – Torrevieja) Ruta II (Editando… Próximamente).
Historia y documentos de interés:

Nota: Ésta entrada es una versión provisional. Se irá actualizando conforme vaya disponiendo de tiempo, así como las crónicas pendientes, las cuales se irán publicando en cuanto sea posible.
- Texto y Crónica: J. Ferrer – HearseDriver ’86.
- Fotografía y Vídeo: J. Ferrer – HearseDriver ’86, Google Maps, Yahoo Mapas, imágenes externas.
PD: Si alguien dispone de material fotográfico o audiovisual relacionado con éste ferrocarril, agradecería mucho que fuese compartido como aporte de futuras actualizaciones de ésta entrada o añadir detalles de interés a las crónicas pendientes